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¿Qué aspectos hay que conocer para escoger un vino?

 

El vino, y en especial el tinto, es una de las bebidas más naturales del mundo después del agua. Simplemente dejando que la uva madure para que fermente sin necesidad de química ni sustancias adicionales. El vino era la bebida más sana que había en la Europa Medieval, tanto que se utilizaba para combatir el tifus y, de hecho, era común añadirle un poco al agua para purificarla.

 

Esta es la razón por la que médicos e investigadores relacionan la parte natural del vino con beneficios para la salud, como contrarrestar la hipertensión, cuidar el corazón, mantener el peso y digerir mejor la comida.

 

El precio de una botella de vino no es necesariamente un indicador directo de su calidad, es decir, no siempre más caro significa mejor. El coste real de una botella de vino responde muy directamente a los siguientes conceptos:

 

• Coste de los diferentes materiales utilizados, como son el corcho, botella, tipo de etiqueta, etc.

• Zona geográfica

• Tipo de trato en el crecimiento y desarrollo de la viña (manual, con suelo vegetal, etc.)

• Producción de la viña

• Tiempo y forma de producción del vino en la bodega (envejecimiento en barricas nuevas o de segundo uso, tipo de madera de las barricas, etc.)

 

Todo esto nos lleva a la conclusión que un vino joven no es mejor ni peor que uno de crianza, es diferente.

 

¿Qué podemos decir del sabor y el aroma? Pues que como elementos sensoriales, son muy subjetivos de cada persona.

 

Así como en un vino blanco se aprecia un cierto grado de acidez además de ser afrutado y fresco al paladar, en los vinos tintos, no se busca un grado de acidez elevado, aunque éste ayude a mantener el vino más tiempo.

 

En cualquier caso, un vino no tiene que tener aromas floridos o rancios, mucho menos si se trata de un vino joven. En un gran vino, veremos reflejado en la copa un aspecto de cada etapa de su elaboración: una nota propia de la viña de la que proviene, un aroma del tipo de uva, un toque floral y afrutado, propios de cada variedad de uva, y el aroma típico de la madera donde ha envejecido. Todo con un único objetivo: entusiasmar a quien lo prueba e invitarlo a tomar otro sorbo.

 

Otro aspecto de gran importancia en la degustación de un vino, que a menudo lleva a diferentes interpretaciones, es la temperatura óptima a la que se tendría que servir. Sin intentar ser muy estrictos, sí que deberíamos tener en cuenta que los vinos blancos sin crianza en madera, deberían de estar alrededor de los 10ºC, mientras que si son de crianza mejor entorno de los 12ºC. Para los tintos más ligeros y jóvenes, se recomienda unos 12ºC, y para los tintos con crianza es razonable servirlos alrededor de los 17ºC-18ºC, y no a temperatura ambiente como suele hacerse.

 

La principal diferencia entre un vino tinto y uno blanco es que el zumo utilizado para obtener el vino tinto incluye las pieles, los tallos y las semillas de la uva roja o negra, que son realmente las que le dan el color y los taninos. Los vinos blancos en cambio, pueden ser de cualquier color de uva, ya que sólo el zumo, que es de color claro, es el que se utiliza (no lleva tallos).

 

Aunque hay guías con el objetivo de ayudar a escoger un vino adecuado, la mejor y más importante guía de todas es el propio paladar.

 

Muchos vinos, especialmente de empresas serias, llevan una contraetiqueta donde se indican las características principales de ese vino. Es bastante interesante leerlas y compararlas cuando vamos un poco perdidos a la hora de escoger.

 

Finalmente, algunos consejos prácticos:

 

- Beber el vino e incluso coger la copa también tienen su importancia. La copa se ha de coger por el pie para no calentar el vino con la mano. Antes de beberlo, se tiene que oler con la copa parada y después agitarla para oxigenar el vino y que deje salir todos sus aromas.

 

- El vino tiene que conservarse a una temperatura constante alrededor de los 16ºC y con una humedad relativa del 80%.

 

- No sólo es importante el nombre del vino sino también su conservación para preservar su calidad.

 

- Si no disponemos de una bodega, o estancia aislada habilitada para la conservación de vinos, debemos tener en cuenta que los vinos jóvenes son para consumir a corto plazo, que los de crianza mejoran en botella entre uno y tres años, y que los reserva se pueden conservar más tiempo. Por cierto, hay que conservar el vino siempre en posición horizontal y lejos de la luz.

 

- Las copas donde se sirve el vino son muy importantes. Tienen que ser de cristal liso y traslúcido.

 

- ¿Cómo podemos detectar los principales defectos de un vino?

 

 

 

• Si el vino tiene burbujas o hace olor a cerveza o levadura indica que el vino ha sufrido una segunda fermentación en la botella al estar expuesto a altas temperaturas.

 

• Si un vino está oxidado, con tonalidad ámbar y olor a jerez, quiere decir que ha estado en contacto con el aire, bien por haber estado almacenado en posición vertical o por haber estado mal embotellado desde el origen.

 

• La acidez volátil u olor a vinagre proviene del ataque de las bacterias acetobacter del vino que se desarrollan cuando éste no se ha conservado en condiciones óptimas o también en aquellos vinos embotellados que han llegado a su máximo tiempo de conservación.